«¿Alguna vez ha sentido usted que hay cosas que, viéndose legales, no se perciben como correctas? Sucede frecuentemente que el incremento de precios es lo más sensible, pero se explica por la escasez; lo reprochable sería que se origine por una concertación de precios».

La presencia de un precio “alto” siempre será antipática, pero puede tener una justificación; por ejemplo, los precios del transporte terrestre o aéreo en Fiestas Patrias corresponden a la escasez temporal y permiten a las empresas sostener el servicio en la temporada baja; lo mismo pasa con los hoteles o el sector turismo. A su vez, los precios de la canchita en los cines hizo de esta industria un negocio viable; sin embargo, a diferencia de los otros sectores, no logró ser entendida y los cines acabaron con una medida pública que socava su estabilidad, atropellando el diseño y la propiedad privada del negocio (consumir en el establecimiento lo que compite con el establecimiento), afectando de esta forma la libertad empresarial.

Esta percepción de un “precio antipático” es la que sentimos cuando estamos frente a los precios de las farmacias de las clínicas; todo parece legal, todo parece ajustado a los contratos de seguros, el consumidor solo paga un 30% de coaseguro aplicado al “precio de mercado” de la clínica. El problema es que ese coaseguro (30%) representa generalmente el 100% del precio del mercado de la calle.

Los consumidores sienten frente a esa conducta una tremenda desazón y genera que un político oportunista pueda echar mano del “control de precios”. ¡No se ganen a pulso la afectación de su libertad empresarial! Las clínicas tienen un reto: ajustar mejor sus precios o explicarlos adecuadamente y de manera empática. Subestimar al consumidor no es la opción. A veces la torpeza y falta de empatía generan que nadie te ayude y, aunque grites “al ladrón, al ladrón”, simplemente te repliquen “tiene cien años de perdón”.

En esta ecuación hay otros actores que tienen que cuidar su reputación: las aseguradoras. Por un lado, exigentes para controlar las retribuciones de los médicos, pero, paradójicamente, permisivas con las ganancias de las farmacias de las clínicas. Algo no debe estar bien en estos contratos, pues la insatisfacción de ese cliente burlado es la de su asegurado, que ve en el coaseguro un “saludo a la bandera”.

Alonso Morales Acosta, socio de TYTL Abogados. Jefe del Área de Protección al Consumidor y Competencia

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